
En la mañana del día 27 de diciembre, terminando el noveno año del tercer milenio, componentes de la Asociación Bursabolense de Arqueología, Arte e Historia, acudimos la cafetería de Juan Rafael, en la plaza de Andalucía. Cerca de una veintena asistimos a esta cita para, antes de partir, degustar el exquisito café de la Casa. Se presenta, después de días de lluvia, una soleada mañana. Tocada de la iluminación del reencuentro, socios y acompañantes, familiares y amigos nos disponemos a compartir una jornada, a la par de asueto y convivencia. Miguel, Mª Dolores, José Mª, Melchor, Rafael y Pepe Zurita, Manolo, Paco, Alvaro, Alfonso, etc., grupo que compone esta acrisolada Asociación. Iniciamos nuestro recorrido por una serpenteante ruta que, salvado el obstáculo de una insistente niebla, pasado el arroyo Salado, nos aparece un día radiante y lleno de luz.
Dispuestos a conocer el devenir histórico de la Villa de Lopera nos desplazamos hasta El Pilar, donde tuvo lugar la Batalla de Lopera y murieron numerosos componentes de ambos bandos, sobre todo brigadistas internacionales, in situ, Miguel Vilches nos relata los pormenores de la batalla, aunque la lluvia caída los días anteriores nos impide acceder a las trincheras y a los Bunkers. A continuación nos desplazamos al monolito que familiares y amigos de los escritores, poetas y brigadistas internacionales, Ralph Fox y John Conford, instalaron en su memoria y recuerdo.
Seguidamente nos dirigimos al Castillo. En los aledaños, puntualmente, no espera el Cronista local José Luis Pantoja Vallejo, convertido en un cicerone de lujo, quien gentilmente nos hizo pasar dos horas amenas, didácticas y entretenidas: las peripecias hasta la compra del Castillo, la reforma y rehabilitación que se está produciendo, las historias de la familia Sotomayor, anteriores propietarios del castillo, o las leyendas de tesoros escondidos. En el Ayuntamiento, ante una maqueta de la batalla de Lopera, nos explica las particularidades de la misma, pues ha estudiado minuciosamente el tema y publicado recientemente “La XIV Brigada Internacional en la batalla de Lopera”. Tras mostrarnos en primicia una exposición de fotos, carteles y folletos antiguos, le entregamos un modesto regalo en agradecimiento a la amabilidad con la que nos ha atendido. Prometemos volver en otra jornada y nos despedimos.
De acuerdo con el programa previsto, sin más demora, partimos hacia la ciudad de Porcuna, la Obulco a la que recaló Julio Cesar después de veintisiete días de larga y precipitada marcha desde Roma, donde instaló su ejercito y planificó la decisiva y victoriosa batalla de Munda. A la llegada nos esperaba un erudito local, nuestro querido compañero y amigo Antonio Recuerda Burgos, Nos dirigimos a la exenta torre de Boabdil; minuciosamente nos explica el museo arqueológico intercalando pasajes de la rica historia local, amena disertación sobre sus orígenes más remotos.
Cuando ya el reloj rondaba las dos y media de la tarde, nos dirigimos hacia el Restaurante “El Triunfo”, en cuyo comedor nos sirvieron un exquisito almuerzo, a los postres, la mayoría, degustamos el almendrado típico de la repostería tradicional porcunera “la gallina en leche”, y por último brindamos.
Recuperadas las fuerzas nos animamos a visitar la Casa de Piedra, obra muestra del tesón y el trabajo de un cantero porcunense, después de más de una veintena de años de esfuerzo y perseverancia. A continuación recalamos en el yacimiento arqueológico de una parte de la ciudad de Obulco y visitamos la románica y gótica ermita de San Benito, “San Benito de los segadores”, patrón de la ciudad desde que fuera entregada por el Rey conquistador a la Orden de Calatrava.
Cuando ya el crepúsculo se cernía sobre la antigua Obulco, aún quedaba, en efecto, programa por saborear, nuestro amigo Antonio Recuerda nos muestra las pinturas del joven Julio Romero de Torres, que dejan constancia de su transparente maestría, frescos que plasmó en la iglesia de la Asunción. Nuestro guía nos relata las vicisitudes de estas pinturas, actualmente recuperadas y en su día tapiadas por inconcebibles razones eclesiásticas.
A nuestro buen amigo Antonio Recuerda le entregamos un regalo en recuerdo de este día y en agradecimiento a la amabilidad con la que nos ha atendido y nos despedimos.
Termina una jornada intensa, de convivencia fraternal y de cultura compartida.
Artículo realizado por Francisco Martínez Mejías.








